La soledad de la “gobernadora humanista”: Mara Lezama, un cuarto informe en el vacío.
La soledad de la “gobernadora humanista”: Mara Lezama, un cuarto informe en el vacío.
Chetumal.- Hay ausencias que gritan más fuerte que cualquier discurso orquestado. El cuarto informe de gobierno de Mara Lezama no fue la fiesta de la «transformación» que el aparato oficialista se esforzó por maquillar; fue, en cambio, la radiografía de un aislamiento político autoimpuesto.
El recinto, adaptado para la alabanza fácil, presenció un fenómeno sintomático: la plana mayor del morenismo nacional le dio la espalda. Ni un solo gobernador o gobernadora del movimiento se hizo presente en Quintana Roo para arropar la gestión de Lezama.
Más revelador aún fue el mensaje enviado desde el Palacio Nacional: la representación de la presidenta Claudia Sheinbaum no recayó en una figura de peso político de primer nivel, sino en la secretaría de Turismo federal. Un cumplimiento de agenda, nada más. Una cortesía institucional que dejó al descubierto la distancia helada que hoy marca el centro del país con la administración quintanarroense.
Pero el desdén no solo vino de las cúpulas federales. Dentro del recinto, un detalle resultó imposible de ocultar a la vista de los asistentes: sillas vacías. En informes anteriores, encontrar un solo lugar para presenciar la rendición de cuentas de la gobernadora era una tarea imposible, disputada entre la militancia y la clase política local. Esta vez, los huecos en la “fuente al pescador” hablaron por sí solos, convirtiéndose en el reflejo más fiel del desencanto y el abandono. Los aplausos por consigna y las ovaciones ensayadas apenas lograron sacudir el letargo de quienes sí asistieron.
La factura política ha llegado y tiene montos claros. Los recientes escándalos sobre los viajes VIP y los derroches ostentosos de la autodenominada «gobernadora humanista» han calado hondo en la opinión pública y en su propio partido. El contraste entre el discurso de austeridad republicana y los lujos que rodean a Hermelinda Lezama terminó por romper la narrativa oficial.
Ante la falta de resultados propios que presumir, el guion recurrió al viejo truco del reciclaje. Lo presentado no fue más que un refrito de promesas pasadas y un compendio de obras y proyectos financiados y ejecutados por el Gobierno Federal, presentados como méritos locales para rellenar el vacío de gestión estatal.
Hoy, la realidad le alcanza al Ejecutivo estatal. Entre el rechazo silencioso de su partido, las ausencias notables y el desgaste de su imagen pública, Mara Lezama finalmente experimenta el peso de una gestión cuestionada: ahora sí no ve lo duro, sino lo tupido de la factura que pasa la corrupción.

